Una persona en estado de enamoramiento desprende una magia que pocas veces podemos ver, es como si ese amor sacara lo mejor de uno. Y lo mejor es que pareciera que uno ni necesita esforzarse para eso, sale naturalmente.

Una persona enamorada podría caerse diez veces de un sueño y lo interpretaría como un motivo más para ingeniárselas en volverlo a intentar. Sacando lo mejor de sí.

Una persona enamorada refleja en el cristal de sus ojos lo que no vemos en los nuestros, pero que sin embargo nos hace sentir la misma sensación de solo cruzarnosla por la calle. Como si no importara nada más que ese instante.

Una persona enamorada es sí misma en su totalidad, olvidando de dónde sacó esa fortaleza para sentirse auténtica. Y nos parece gracioso verla deambular por los rincones a los brincos, ilusionada como cuando éramos chicos y nuestro cumpleaños se acercaba.

Lo mejor de una persona enamorada es que nos recuerda cuán hermoso es el amor, y por qué es tan necesario en la vida de todos. Porque podemos ser nosotros mismos toda la vida, pero nunca lo somos tanto como cuando alguien rescata del pozo de la basura nuestros peores fracasos y los convierte en milagros.

Una persona enamorada es auténtica, porque no tiene otra forma de ser. Porque no quiere conocer otra manera de llevarlo. Y por eso mismo una persona enamorada puede convertir la duda en certeza, abrazando para siempre ese momento de verdad que se presenta como un rayo en medio de la tormenta.

Y por eso, solo por eso, el amor vale la pena.